miércoles, 26 de octubre de 2011



Al caer cada una de las letras confeccionadas con deseos peligrosos, los colores de los días se embrollan en el lienzo glacial. Creando así el mapa para encontrar los tesoros enterrados en la basta y remota oquedad.
El cielo invita a una luz sentenciosa, tras disimular las ironías repitentes que nadan en la gran cúpula de la vida.
La mutación de los tintes oscuros a letras chispeantes, se transforman en el escudo redentor de la cadena de lo inverosímil.


Abril v

jueves, 13 de octubre de 2011

Luna, sol y cariño



Frené en la calle de lo absurdo
Una feroz corriente se escurre entre las grietas de mi intelecto
confundiéndola de un beso
dejándola cuasi inconsciente.

Se oyó el gemir del sol
purgando nuestros labios, probando un nuevo e inolvidable sabor
el sabor a un beso.

La luna rota extasiadamente anocheciendo,
sutilmente los mimos que nos alumbran en la
estoica oscuridad.

Insano sería aventurarme a entender las locuras
que me llevan a pasear por la luna y el sol.

Pero sin embargo anhelo que las noches y los dìas
sean giratorios al lado tuyo.




Abrilv



Prosas que se resisten entre las plumas que manchan de tinta las almohadas todas las noches,
acordes extinguidos en el tic tac del reloj de pared, melodìas desmenuzadas por una voz que retumba allá en la esquina, corcheas deambulan en un pentagrama sin una clave de sol. Discos sin rayar, que dicen lo que no se dice, sin voces rotas y con una guitarra afinada...




Abrilv

domingo, 2 de octubre de 2011

Memoria


Mi sentencia no estaba escrita aún. Me quedaba una oportunidad, tenía que lucirme.
         Alguien una vez me apodó como el zar del enredo, maquiavélico por naturaleza, así que algo tenía que hacer.
         Cinco minutos, un escudo y mi maestría en trampas era lo que me quedaba para ganar. Recluso de mis propias cizañas hablé, lloré y, por supuesto, mentí. El Rey del changüí me coronaron. Cada una de mis palabras estaba unida cuasi magistralmente con la otra, formando así el soneto de la falacia. Mientras relataba mis poesías y cuentos inverosímiles iba empalagando a cada uno de los jueces, caían uno a uno. Finalizados los cinco minutos, respiré y supliqué por última vez que me creyeran. La otra parte pidió un receso. Yo me opuse, no quería esperar más, la ansiedad me estaba matando de a poco. No hubo vuelta atrás, se suspendió el juicio.
         Mi defensor me tendió la mano y me felicitó. Me comentó lo real que sonaron mis relatos, y que por un momento hasta él se los había creído. En ese instante me ilusioné y debo reconocer que mi ego se agrandó un poco más, sin saber que iba a ser la última vez.
         El receso se me hizo eterno, cada minuto parecieron horas, pero la campana sonó anunciando la vuelta.
         Todos me observaban, con su mirada me injuriaban y me hacían sentir cómo un átomo dentro de una galaxia. Otra vez volver al ruedo, enfrentando a mi peor enemigo, el que contrarrestó cada uno de mis vocablos, ganándome por knock out.
         Me destruyó, otra vez caí en su trampa, usó su caballo de Troya. Un golpe bajo, palo y a la bolsa, eso hizo conmigo.
Me ganó, y no me di cuenta. Me confié, mi ingenuidad fue más grande que me habilidad. ¿Cómo imaginé que le iba a ganar?  Conocía mis debilidades y fortalezas, me conocía.
Si me hubiera acordado que ella era la que me apodó Zar del enredo, maquiavélico por naturaleza, puedo asegurar que nunca me hubiese presentado al juicio. Era inganable, estaba tan lastimada que no le importó nada, atacó con todas sus armas.
Yo quedé abatido, desganado.  Lo único que me quedaron fueron las memorias de mis días con ella. Hoy las fusiono con palabras agradables y pegadizas formando poesías y cuentos inverosímiles que tal vez me sirvan en un futuro juicio.


Abril Verzura